Cuentan que en ese vasto terreno al costado sur de la población en la que crecí, vivía un cacique llamado Zibyntyba, juntos con sus cinco mujeres, sus 44 hijos, sus 11 nietos y toda la servidumbre que estaba a su favor…
Se había trasladado a ese lugar, después de que el dios Bochica golpeara la tierra y diera origen al Salto de Tequendama, como solución a la gran inundación que azotaba a la sabana donde se ubica la actual Bogotá.
Zibyntyba, había perdido casi todo, por lo que tomo un nuevo rumbo, decidido a conformar una nueva comunidad; comenzó a construir sus malocas, preparo la tierra para el cultivo y se acomodo poco a poco en el lugar entregado por los dioses para sus descendientes.
Con la llegada de los colonizadores, vio el peligro, prefirió su estabilidad y la de su familia; por temor huye hacia las montañas pues desconfiaba de los hombres que cubrían sus pies; además, era extraño identificar a otro hombre de piel rosada y sudorosa, con ropas estrafalarias y lanzas de metal que se encendían con los rayos del sol, como descendientes de Bachué, eran culturas diferentes y habría que temerles.
Lo abandonó todo y prohibió bajo maldición, a aquellos de los suyos que se atrevieran a regresar a aquel lugar; como profeta, declaraba que muchos serian degollados por las espadas de fuego de los hombres fantasma, llamados también Suetybaf o demonios de la noche, quienes arremeterían contra ellos para robarles la vida y el obsequio de los dioses.
Dicen, que cada uno anhelo volver a esas magnánimas tierras, pero el temor a la maldición patriarcal era mayor. Los tres hijos mayores emigraron hasta la sabana de Bogotá, después de la muerte de su cacique y padre, desatendiendo a sus oráculos. Al poco tiempo son apresados por los Suetybaf, los hijos de Zibyntyba son torturados y descuartizados por proteger el lugar sagrado de los muertos.
Los colonos violentaron las moradas de la inmortalidad, su ambición los enceguecía por robar pedazos de sol... conocidos por los Suetybaf con el término “oro”.
Anteayer el panorama cambio… en el terreno contiguo a nuestro basto patio de recreo, iniciaron la construcción de unos apartamentos, volquetas, taladros, y grandes maquinas interrumpen la diversión. La constructora “Portalegre” utiliza unas enormes retroexcavadoras para agilizar el proceso de construcción. De repente un grito vertiginoso interrumpe nuestro corretear por el inmenso potrero.
La retroexcavadora había encontrado un esqueleto humano, al parecer por la imagen de la osamenta, murió al ser degollado. Lo acompañaba uno de sus siervos que fue enterrado vivo junto a su amo. Alrededor se encuentran unas vasijitas de barro y otros elementos plateados y dorados. Los eventos ocurridos todavía están frescos en mi memoria… no termino de sorprenderme, ¡mi patio de recreo fue el lugar sagrado de los muertos y las moradas de la inmortalidad!... sencillamente increíble.
Ayer no salimos a jugar… queríamos saber sobre el destino de la familia del cacique Zibyntyba, así que cada uno de nosotros aportó algún indicio u opinión a partir de lo que preguntamos a nuestros papás y abuelos; De esta manera la historia del cacique y su familia, se fue reconstruyendo.
Hoy, decidimos pasearnos caminando por todo el potrero, agudizando la mirada al piso, a fin de encontrar alguna prueba de la existencia del cacique y su familia. Hemos llegado hasta lo que una vez fue una maloca, (según lo comentan los niños y niñas mas grandes de la escuela) pero el temor nos rodeo, nos inundó y se aprovecho de nuestros impulsos para obtener mas información, así que regresamos a jugar cerca de nuestra profesora.
Era increíble… habíamos estado pisando el lugar sagrado para los chibchas, durante años. Nuestro patio de recreo es la morada de la inmortalidad. La profecía del anciano cacique, cobraba vida, las palabras se hicieron realidad. Decidimos continuar jugando… muy pronto sonará la campana y regresaremos al salón de